Gente de l’Hòstia
El barrio de Barcelona que se extiende más allá del Pla del Palau, en dirección al mar, tiene dos nombres, el oficial, la Barceloneta, y el popular, l’Hòstia. Sobre el origen del segundo, que deja pasmado a más de uno la primera vez que lo oye, hay varias versiones. Por una parte, hay quien opina que viene del latín ostium (‘puerta’), ya que la Barceloneta, que en su origen se encontraba más allá de las murallas de Barcelona, era la puerta marítima de la ciudad. Por otra, hay quien compara la Barceloneta, el barrio de mar de Barcelona, con Ostia, el puerto de Roma. Finalmente, no son pocos los que sostienen, pura y llanamente, que los vecinos de la Barceloneta son, o al menos eran, gente rebelde y de armas tomar, la hostia, vamos.
Conviene no olvidar que la revuelta popular del 25 de julio de 1835, que se saldó con la quema de los conventos de Barcelona, partió de la Barceloneta, en concreto de la plaza del Torín (que estaba aproximadamente donde hoy se alza el edificio acristalado de Gas Natural). Aquellos hechos, desatados por la furia popular ante seis toros que salieron malos, hay que enmarcarlos en los conflictos que impulsaron la transición del antiguo régimen a la sociedad liberal. Fueron tan graves que precipitaron la formación de juntas revolucionarias y un cambio de gobierno en Madrid. Pocos meses después del estallido de l’Hòstia (en marzo de 1836), Juan Álvarez Mendizábal expropió los bienes de la Iglesia mediante una ley de desamortización que resultó crucial para liquidar el feudalismo en España.
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