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miércoles, 3 de septiembre de 2014

La Barceloneta insiste en que quiere que el edificio del Siglo XX sea para el barrio

La Barceloneta insiste en que quiere que el edificio del Siglo XX sea para el barrio
Los vecinos se movilizan para exigir que el edificio sea un equipamiento público

La acción reivindicativa de este sábado, programada desde hacía varias semanas, tomó una mayor trascendencia en el barrio –y en los sectores sensibles a la temática del resto de la ciudad– tras el incendio del pasado 29 de diciembre. La asociación de vecinos L’Òstia de la Barceloneta llevaba años pidiendo con mayor o menor insistencia a la administración la expropiación de la finca situada en la confluencia entre las calles de Atlàntida y Ginebra, levantada por la cooperativa obrera Siglo XX que pasó a manos privadas de forma poco transparente tras la disolución de la cooperativa y abandonada a su suerte sobre un suelo calificado como equipamiento desde hace 20 años.

El objetivo del centenar de personas concentradas este sábado primero frente a La Fraternitat y después frente al Siglo XX era, por un lado, recordar el pasado cooperativista del barrio, y, por otro, insistir en que ese edificio fue levantado «por y para los trabajadores del barrio», para los que volvía deber a ser. El edificio fue vendido en junio del 2012 a la sociedad Filodomus por 250.000 euros con el desacuerdo de parte de los cooperativistas, por lo que actualmente se encuentra en litigio, según informaron fuentes municipales tras el incendio de diciembre, fuentes que también indicaron que se sentarían a hablar con los propietarios sobre el futuro del inmueble «una vez se aclare la propiedad».

A la acción de este sábado acudió Ramón Rovira –quien se presentó como uno de los propietarios de la sociedad Filodomus, propietaria de la finca– acompañado de una patrulla de policía, para asegurarse de que la reivindicación no iría a mayores –la convocatoria invitaba a «recuperar» el Siglo XX. Según explicó Rovira, compraron el edificio con la intención de convertirlo en un albergue juvenil, algo para lo que no les fue concedida la licencia, por lo que llevan un año y medio negociando con el distrito el tipo de negocio que pueden abrir en el edificio, en el que en principio, según su calificación actual, solo podría abrirse un equipamiento. «Ya hemos pactado un proyecto con los técnicos locales que incluye un bar restaurante ligado al deporte en la planta baja, la recuperación del teatro en el primer piso y un albergue con 60 camas en el segundo, para las familias de los niños autistas que acudirán a hacer los talleres de surf para estos niños que ofreceremos», resumió el hombre a pocos metros de la acción, quien aseguró estar a la espera de recibir la licencia una vez pactado el proyecto.

En el barrio no gusta la idea de que un privado haga un negocio en un espacio nacido como cooperativa y reivindicado para un uso social desde hace años como se han encargado de reflejar en el cartel de deseos para el Siglo XX con el que decoraron la fachada del inmueble tras la acción de protesta

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